miércoles, 26 de abril de 2017

Maratón de Rotterdam 2017

Es duro ponerse a escribir sobre una prueba en la que has volcado tantas expectativas y tan amargo sabor me ha dejado. No sé bien aún que ha fallado. Creo que ha sido un cúmulo de cosas, porque de lo que estoy seguro es de que he entrenado bien, mejor que nunca y que en algún momento de la preparación, obviamente no el día del maratón, he estado en una forma muy buena, lástima que al final no haya salido. Habrá que seguir intentándolo.

Pues este era el gran objetivo de 2017. Se fraguó después de que me diagnosticaran la rotura del labrum de la cadera. Después de opiniones de traumatólogos, médicos deportivos, fisios y gente que ha vivido la lesión, me quedó claro que tenía que convivir con la lesión e ir valorando si podía seguir en la brecha con ella.
2016 tranquilo, acelerando de vez en cuando, algunos 10k, algunas medias, un IM (se dice pronto), aunque volúmenes contenidos, para acabar con San Silvestre. Resultados decentes y buenas sensaciones que corroboraron mi idea de estar en torno a las 2h:50 en Rotterdam.
MMP en la media de Getafe, allá por finales de enero estaba como un toro, corría con ligereza y fuerza.
En medio de las semanas de volumen (las últimas 12 de específico de maratón he promediado 80kms) me encontraba más cansado en ocasiones y mejor en otras. La media de Fuencarral salió regular, la noche anterior se me fue de las manos, pero tampoco era objetivo, iba a ir a ritmo de maratón, pero viendo la dureza del recorrido y el pulso que llevaba decidía hacerla a pulso de maratón (1:26).
Una semana de 100 kms, con algunos entrenos buenísmos, me dejaban grandes sensaciones.
El test fundamental de la media de Aranjuez no salió bien. Aquí iba a salir a por sub1:20, pero nunca me noté ni cerca de la marca, algo de falta de frescura y un día de calor importante arrancando a las 11h me dejaron en un 1:23:04 dejándome ir en los últimos 10k.
No tenía que cundir el pánico. Las dos tiradas más largas de 25 y 30k salieron a la perfección con ritmos medios por debajo de 4:20.
La penúltima semana test de una hora a pulso de maratón. Lo hago por la tarde a la hora de más calor del día y sale a 4:06 para 146 ppm, no está mal, pero podría estar mejor, aunque claro que el calor determina mucho el pulso y el resultado del test.
Lo pero está por venir. Ese jueves empiezo a notar mal la garganta y el viernes totalmente afónico, muchos mocos, dormir fatal respirando mal. Un resfriado supongo, que mala suerte, llevaba meses sin ponerme malo. El caso es que el miércoles siguiente sí cunde un poco el pánico, llevo dos días casi sin dormir, tengo una tos seca terrible que no puedo evitar y apenas pego ojo.
Voy al médico y me dice que tengo sinusitis, antibiótico, spray nasal.
Sigo tosiendo por la noches y compro un jarabe antitusivo para llevar a Rotterdam.
Los entrenos estos últimos días, al ser más suaves me dejan sensación de no estar en forma, además la sinusitis, el trabajo, la tos, la falta de sueño...
Así parto el viernes para Rottedam. Al llegar al hotel tarde, pero estar todo digamos en su sitio, Iria, Marta, el equipaje y cenando en el italiano del hotel tranquilamente me tranquiliza.
Esa noche duermo genial, el jarabe ha funcionado.
El sábado, vuelta por la ciudad, vista a los sitios más característicos de Rotterdam, recogida de dorsal. La suerte está echada.



Duermo bien, la logística está fácil. Se arranca a las 10, estoy a 4 paradas de metro y es muy rápido. Estoy en un cajón delantero... voy convencido de que he trabajado bien y que tienen que salir las cosas. A eso hemos venido. Dadas las circunstancias decido salir a por 2:53. Se anuncia un día de calor (increible que de los 10 días que estuve por allí, el único de calor fue ese domingo).
Algo de calentamiento en el cajón y arrancamos. No hay tráfico, salgo muy adelante, concentrado en el ritmo. El sol ya calienta, pero espero buscar sombra. Pasamos el Erasmusbrug por primera vez, es espectacular, las sensaciones son de ir pelín forzadillo, pero he entrenado estos ritmos intensamente y hay que seguir el plan. Voy tan concentrado que ni me doy cuenta de cuando pasamos al lado del estadio del Feyenoord (con lo que soy yo para estas cosas). Vamos al ritmo previsto (4:03-4:04).




Desde muy pronto vamos por una zona nada bonita, primero una especie de circunvalación donde pega el sol de lo lindo y luego zonas residenciales, incluso algunas con cierto aspecto rural, un riachuelo, zonas verdes sin urbanizar. Primer vistazo al pulso en el km 10 y voy a 143 medias (muy mala señal) debía estar 5 por debajo y con mejores sensaciones. Hay que seguir.
Vamos ahí, no hay grupos organizados, cada uno un poco a su ritmo. Un poco antes del km. 15 veo en la cuneta a Chema Martínez que está esperando a alguien, le saludo y le digo si no corre...
Lo cierto es que llegados a un punto y con un montón de pruebas a mis espaldas, hay que saber interpretar y las señales no son buenas, últimos 10 días con sinusitis, calor, pulso, no voy a aguantar este ritmo, así que sobre el km18-19 cambio el chip y me digo que hay que intentar salvar los muebles e intentar MMP. Rebajo el ritmo y empiezo a rodar sobre 4:15.

Paso la media en 1:27:15, doblando 2:54:30 (que ni de coña) y para hacer marca me valdría una segunda media de 1:31 (correr sobre 4:18), todos estos cálculos no me evaden para nada del sufrimiento, hago lo que tengo que hacer, como y bebo en los avituallamientos según el plan y también me refresco permanentemente con esponjas que hay cada poco.
Sé que Marta e Iria están esperando en el km25 en la puerta del hotel, es una gran alegría verlas y un objetivo intermedio que supone un premio. Un poco antes paso a una corredora africana (una élite supongo), va andando, tambaleándose, como una autómata, es incapaz de dejar de intentar avanzar y sentarse, pienso en ella, da cierta pena, no ser capaz de darte cuenta de que no vas a ningún lado y de que en breve vas a caer al suelo.


Vamos aguantando, vuelta a pasar por el Puente de Erasmo y marco un km sub 4 gracias a la bajada del puente, la gente anima, los holandeses pronuncian Alberto fatal, jajajajaja, pero se agradece...



Unos kilómetros por el centro, el pulso es muy alto, por encima de 150 y ya voy por el pulso medio que debiera tener en la meta y aún queda un tercio de maratón, mi ritmo ha ido bajando progresivamente y corro a 4:30. Cuando alcanzo el parque que hay que rodear durante varios kilómetros para luego volver al centro a meta, me doy cuenta de que no hay nada que hacer, no hay fuerzas, ni sensaciones, ni ritmo, ni nada.

Nuevo cambio de chip, ya sólo queda llegar a meta (recuerdo cuando me retiré en Bilbao 2013 y no voy a volver a hacerlo) hemos fracasado, qué decepción siento, había trabajado como nunca y hecho las cosas bien. Me dejo ir trotando, a ritmos de 4:45-4:50.
En el km 35 hay pantallas gigantes y Marta e Iria han grabado un video que sale en pantalla cuando la alfombra detecta mi chip, es imposible no soltar alguna lagrimilla, una gran alegría, aunque esté siendo un duro palo para mi.
Me pasa el grupo con las liebres de sub3 y no hago ademán de seguirles, no tengo fuerza. Haciendo la goma pasa Chema Martínez tirando de un tipo, que me dice que es su hermano cuando le digo que menuda liebre de lujo se ha buscado.
Lo cierto es que mi ritmo ha bajado muchísimo, ya por encima de 5 el km. Voy corriendo por un parque de Rotterdam a ritmo más lentos de los más lentos a los que he corrido en todo la preparación, es que ni en días de descanso, ni regenerativos he rodado un sólo km tan lento. La decepción de ver lo que está sucediendo me invade.
Empiezan a dolerme las plantas de los pies, probablemente porque estoy corriendo medio mal y muy lento, no estoy acostumbrado a rodar tan lento, miro el pulso y ha bajado. Y digo, venga coño, arranca o al final con el dolor de pies va a ser un infierno para tí. Y acelero un poco para volver a rodar los últimos 4 kms en torno a 4:45.


Entro en meta sin ninguna alegría, globalmente el peor maratón de mi vida y para el que más había entrenado y más expectativas tenía. 3h:06:35, una anécdota.


Camino por la zona acotada, medalla, algo de beber (muy pobre el avituallamiento de meta), sólo hay agua, algún isotónico y fruta. Me siento a estirar un poco, no hablo con nadie. Da la sensación de que toda la gente que hemos entrado en meta hemos fracasado (supongo que la gran mayoría iría a sub3 y no les salió), hay silencio, nadie parece contento.
Me voy rápido, he quedado con Marta e Iria en el ayuntamiento y me obligan a dar un rodeo de cojones para llegar.
Llego y allí están, qué guapas, es imposible no esbozar un sonrisa al verlas, me cambio de ropa y empiezo a asumir el resultado, no hay otra.


Me voy a ahogarlos al Biergarten al lado de Centraal Station, un sitio brutal, música disco electrónica ochentera, cerveza y comida al aire libre, hay un ambientazo.

Pasadas un par de semanas intento aún averiguar qué ha pasado, he vuelto a correr, el pulso es mucho más alto de lo que era hace semanas, así que llego a la conclusión de que he llegado a Rotterdam pasadete de entreno y que la sinusitis y el calor acabaron de darme la puntilla. Ver como tras tanto trabajo, he hecho un maratón a un ritmo superior al que saqué en tiradas largas de 30 kms y con más de 10 pulsaciones más es un dato que confirma que no llegué a Rotterdam en buen momento, sino tostado.
Es duro asumirlo, pero hay que hacerlo y por supuesto habrá que volver a intentarlo. Ya veremos cuándo y dónde.
Un saludo.

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