lunes, 18 de julio de 2011

Travesía El Perelló - Les Palmeres (2.700 m)

Nos presentamos en la línea de salida porque había un par de amigos, que son nadadores, pero no hacen triatlón, que querían probar. Siempre me oyen hablar del triatlón por aquí y el triatlón por allá y mi amigo Villar no invitó a pasar el fin de semana en su apartamento en Alicante y el sábado nos hacíamos la travesía.
Nos levantamos bien temprano, habiendo dormido poco y bebido más de la cuenta y camino hacia Sueca.
Llegamos con los minutos pegados al culo.
Antes de salir, los lugareños nos dicen que son más bien 3.000 m, pero quién dijo miedo.
La mar estaba algo picada (tanto que luego me enteré que hubo bastantes que se rajaron al verlo), bandera amarilla, pero no había tiempo de rajarse. Bañador, gorro, gafas, algo de crema y al agua.
Oleaje grande hasta la primera boya, luego giras a derecha y haces casi toda la travesía paralela a la playa hasta volver a la playa.
Al principio bien, me encontraba bien y tranquilo, pero a mitad de travesía se me empieza a hacer larga. Este año había nadado en determinados tiempos y esperaba hacer la travesía en menos de una hora. Cuando ya empezaba a tener la sensación de llevar demasiado tiempo en el agua, es que algo fallaba, o había muchos metros de más o la corriente que había en contra era bastante más acuasada de lo que yo pensaba.
Llego a la boya final bastante cansado y cuando voy a la playa, directo a unas rocas (las había visto, nos habían avisado), pero la corriente era tan fuerte dirección a las rocas que no pude hacer otra cosa. Cuando ya iba a llegar, me tocó hacer un esfuerzo ímprobo para no encalla en las putas rocas. Al tocar tierra, un gran alivio.
Todo el mundo comentaba en meta que la corriente hizo estragos, que el ganador hizo más de 10 minutos más que en años anteriores.
Tiempo para mi: 1h14'45''.
Mi amigo Eloy, todo pundonor, llegó el último con más de dos horas en su debut en aguas abiertas y mi amigo Villar, se retiró víctima del cansancio a 500 metros de la llegada. Olé por ellos. Algún día volveremos al Perelló a tomarnos la revancha.
Llegada a meta

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